María Eugenia Llamas “La Tucita” – À bientôt

María Eugenia Llamas ‘La Tucita’ – Los tres huastecos 1948.
En las siguientes líneas, las cuales buscaré sean breves; y no porque María Eugenia no merezca más, sino porque un trabajo biográfico al respecto puede alejar el objetivo principal de este texto, compartiré con ustedes la fugaz pero significante experiencia que tuve de trabajo con tan reacia mujer. Menos de un mes convivimos, pero la gratitud y el aprendizaje duran para siempre.
María Eugenia en el rol de
la hija de Pedro Infante.

 

Gracias a un excelente docente, ahora amigo, y su pasión por el cine mexicano, aprendí en su clase sobre esta talentosa mujer, a quien afirmaré con los ojos cerrados como el mejor talento artístico infantil no sólo de la época de oro de la cinematografía nacional, sino de toda su historia hasta la fecha. Compartió cuadro con el mismo Pedro Infante, el ídolo de México, en el rol de su hija. Es triste saber que María Eugenia Llamas La Tucita falleció el pasado 31 de agosto, en la ciudad de Zapopan, Jalisco. La Tucita se reunirá ahora con los grandes que se han adelantado y podrá de nuevo; pues ya sabemos como es, pedir la pistola para dormir tranquila.
A principios del año 2009, me encontraba en la ciudad de Monterrey realizando un par de comerciales para una obra de teatro, los cuales se transmitirían en la televisión local de la misma ciudad. Para cumplir con los requerimientos de la idea propuesta al productor de la obra, se grabó en varias ocasiones la puesta en escena, de la cual se obtuvieron insertos específicos que terminaron siendo parte de la publicidad. Fue allí donde tuve la oportunidad de trabajar y conocer a María Eugenia.
Al principio de este texto utilicé la palabra reacia, pero muchos más calificativos faltan para describir a este personaje. Carismática, alegre, firme, directa, transparente, honesta y demás cualidades que aquellos que tuvimos la oportunidad de conocerla puedan agregar. Lo que más me llamó la atención fue esa capacidad de mezclar el profesionalismo con la convivencia. Toda una actriz, de verdad. Mientras corría la cámara o en este caso, grababa; impoluta, enfocada y seria. Corte. Vivaz, despreocupada y de carisma contagioso.
Espero no hacerle daño a nadie con lo que a continuación compartiré. Justo en aquellas fechas, acababa de entra en vigor la ley que prohíbe fumar en espacios públicos y cerrados. Aquí es por lo que le digo reacia a esta mujer. El área de fumar improvisada por la producción y la favorita de La Tucita, era justo debajo del cartel que habían pegado en la pared informando sobre las disposiciones de la nueva ley. A la cual sin pena ni gloria, todos y en especial ella, se la pasaban por el arco del triunfo. Subía al escenario aún con la bocanada de humo en ella y bajaba de éste encendiendo un cigarrillo.
Cuando le cuestioné sobre esta acción, sobre la ley y le hice la simbólica observación del área de fumar me contestó: Hijo, nada ni nadie me va a decir qué hacer, cuándo y cómo hacerlo. Si en este momento quiero fumar, fumo. Si mis actos me traen repercusiones las enfrentaré cómo se debe, cuándo se deba. Relájate, disfruta y échate un cigarro conmigo. Claro que ya tiene rato esto y lo estoy parafraseando, pero me quedó muy en claro la libertad de decisión con la que vivía esta mujer. Libre, temeraria y tenaz, así era La Tucita.
Más allá de cualquier calificativo que hasta el momento haya empleado para describirla, me quedaré con uno que no he mencionado: Sencillez. Lo que más admiraré y recordaré hasta la fecha, es que en ningún momento María Eugenia fue rebasada por su fama. El público la conocía, la admiraba, la respetaba, pero esto nunca significó que ella se pusiera a sí misma sobre la audiencia, siempre se entregó a los espectadores; cautivarlos y entretenerlos era su prioridad y para ello se volcaba en cuerpo y alma. Una verdadera representante de las artes escénicas.
La palabra era su principal arma, pero un arma que utilizó para el bien. Ahora, esté donde esté, podrá deleitar a otros con su gran voz, su inigualable narrativa y su más grande talento: el de ser una magnifica cuenta cuentos, un agente de cambio y una inspiración.

María Eugenia, un ejemplo de entrega a la promoción cultural.
Una imagen vale más que mil palabras, así que los invito a ver los siguientes dos videos, que complementan lo que he compartido en estas breves líneas.
Pedro Infante y María Eugenia Llamas – Los tres huastecos 1948.
 
En corto con María Eugenia Llamas – Un poco de la vida de La Tucita.
 
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