Producción y asistencia – A más oferta no necesariamente más demanda.

Bienvenidos a la segunda entrega. Desmenuzando las estadísticas del cine mexicano.
En los últimos años, las instituciones oficiales responsables de la cultura, en específico del quehacer cinematográfico, ya sea a nivel nacional y las existentes a otros niveles e instancias gubernamentales, han adoptado un discurso unísono en relación a los productos culturales que ofrecen y el público al cual éstos están destinados.
La creación de audiencias específicas y la búsqueda de espacios propios para la exhibición de películas mexicanas, se han convertido en la bandera que guía el discurso oficial de acción de los organismos encargados del desarrollo cultural del país. A través de esta izada proclamación se determinó, que aunque los resultados del cine nacional en el 2013 indican un incremento de la asistencia del público a las salas de cine, en especial para el consumo de productos locales, aún las condiciones de competitividad no son las adecuadas, pues los connacionales sólo lograron atraer el 12% de la participación total de la audiencia del periodo pasado.
Con bases culturales, más que industriales; ya que así está estipulado por ley, los planes de acción que han tomado las dependencias gubernamentales en especial el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), se concentran en tres puntos prioritarios: crear una mayor oferta de películas, apoyar en la etapa de distribución y buscar aumentar el tiempo de exposición en los recintos cinematográficos, este último punto se conoce como la cuota de pantalla.
Amores Perros (2000)
Alejandro González Iñárritu
Para entrar de lleno al análisis que en esta ocasión pretende desmenuzar la realidad de la industria cinematográfica nacional, se debe recordar que, a principios de la década pasada (2003-2004), después del éxito obtenido por Amores Perros (2000), Y tu mamá también (2001) y El crimen del padre Amaro (2002), se vislumbró el resurgimiento del cine mexicano, quien con escasos apoyos y una limitada oferta para el público, lograba atraer el interés de éste a las salas.
Durante el sexenio de Vicente Fox estuvo a punto de desaparecer el IMCINE, y junto con éste los recursos federales asignados para la producción. La comunidad cinematográfica logró defender su existencia y la actividad de hacer cine en México, fue entonces que comenzó un insólito apoyo gubernamental para esta expresión artística y cultural.
 
¿Qué beneficios ha traído la participación del Estado a la producción cinematográfica? ¿Ha logrado el IMCINE sus objetivos como la Institución responsable del fomento a la cinematografía en México? ¿Los recursos destinados por el gobierno repercuten directamente en la atracción de audiencia a los complejos de exhibición, para ver cine mexicano? Estas y muchas otras preguntas podrán ir tomando respuesta conforme se publiquen éstos y otros análisis sobre la situación actual de la industria cinematográfica mexicana, basados a partir de sus estadísticas oficiales.
Qué mejor que sea el lector mismo, quien vaya dando respuesta a las interrogantes por cuenta propia, a través de su análisis personal y la generación de más preguntas que se podrán atender en las próximas publicaciones.
A continuación se expone la participación Estatal en la producción de cine mexicano.
Se puede interpretar que el Estado es el mayor productor de cine mexicano.
El año 2013 representa, según el propio Instituto Mexicano de Cinematografía, el más alto en producción desde 1959, es decir que desde hace 54 años no se producían tanta películas de origen nacional. Cabe destacar que aproximadamente desde el año 2006 hasta la fecha, la participación del Estado en la producción cinematográfica nacional, se ha incrementado de forma constante, al igual que las producciones cien por ciento privadas, las cuáles aún no logran tomar el dominio de la oferta creada para los consumidores.
El número más alto de producciones mexicanas realizadas en un sólo año fue en 1958, con 134 películas. La industria del cine mexicano actual, está alcanzando cifras que se pueden encontrar en la Época de Oro de la cinematografía nacional, pero esto no significa que se esté dando otra época como la de aquellos años.
Por su parte, como se verá en la siguiente gráfica, desde hace 13 años el Estado, ha mantenido una participación promedio de casi el 70% de la producción total anual, independiente del número total de películas realizada en cada año, el apoyo gubernamental se mantiene constante.
El promedio de participación del Estado en la producción de cine mexicano es de 69.43% en los últimos trece años.
Lo destacable de este gráfico en comparación al anterior, es que se puede apreciar de manera visual la presencia de los fondos público, es decir la participación gubernamental en la realización cinematográfica. Se puede notar como cada final y principio de sexenio se muestran los puntos bajos, que en el transcurso del periodo vuelven a crecer.
Con la excepción del año 2001, el gobierno es el principal productor cinematográfico de los últimos años. Como parte de las tres acciones prioritarias que se expusieron al principio de esta publicación, queda comprobado que las Instituciones oficiales han aumentado el número de producción de películas mexicanas, lo que significa un incremento en la oferta de contenidos para la audiencia.
Sin embargo, no todo lo que brilla es oro. Como se podrá ver a continuación, que se asignen más recursos para la producción, la distribución y se busque legislar mayor tiempo en pantalla para el cine mexicano en cartelera; no necesariamente significa que la audiencia consuma los productos de origen nacional, la actividad cinematográfica no sólo es una cuestión cultural, sino también industrial y de entretenimiento. Se podrán saturar las pantallas de cine mexicano, pero si los espectadores no quieren consumir el producto, se iría a la quiebra no sólo las salas de exhibición, sino todo el sistema cinematográfico y la pequeña industria que comienza a posicionarse.
Aunque la producción y la oferta se incrementaron notablemente, la asistencia al cine mexicano no ha despegado como se esperaba.
La barra de color verde indica la cantidad de películas mexicanas producidas anualmente desde el año 2000. La barra azul ofrece el dato específico del número de producciones locales estrenadas. Finalmente las barras pequeñas en color morado, representan la cantidad de asistentes en millones de boletos vendidos que ha logrado la cinematografía nacional en los últimos trece años.
Y tu mamá también (2001)
Alfonso Cuarón
Como gráficamente se puede observar y esto también gracias a las líneas indicativas, no porque más se produzca y más se ofrezca a los espectadores, estos están dispuestos a ver más cine mexicano. Los mejores años, sin contar el año pasado (2013), son los de inicio de la década pasada: 2000 a 2002, en donde con una limitada oferta y una producción escasa, el público se volcó a las salas para ver el cine que se ofrecía, el cual en base a las películas mencionadas párrafos arriba, es de gran calidad narrativa, más que técnica.
 
Este tipo de gráficos ayuda a comprender que la clave para posicionar al cine mexicano en la decisión preferencial de los espectadores, no radica en aumentar la producción y saturar la oferta, sino crear contenidos -historias – de calidad que logren de alguna forma conectar con el público. Más allá de buscar crear audiencias específicas para los productos nacionales o educar a éstas para consumir cine local; los realizadores, productores y demás equipo creativo de una película deben estudiar y entender las necesidades, gustos y preferencias de la audiencia existente; esa que compró 248 millones de boletos el año pasado y que en promedio acude cerca de las nueve veces al cine en el año.
Existe todavía un escenario, llamémoslo fatalista; que personalmente me gusta, en donde se dejan fuera de la estadística a películas como Nosotros los Nobles y No se aceptan devoluciones, por se consideradas anomalías, es decir dos fenómenos que no son constantes en el comportamiento de la industria. Es en ese contexto que la gráfica inmediata anterior quedaría de la siguiente forma.
Sin considerar las anomalías del año pasado; la relación producción, estrenos y audiencia resultaría de esta forma.
Con sólo 7.8 millones de espectadores para el cine nacional en el 2013; dejando fuera a los Outliers, la brecha se observa más amplia y alarmante. Resumiéndose en que cada año se gastan más recursos público en la producción de cine mexicano, cuando en realidad la audiencia acude menos a consumirlos. Vale la pena recordad, que desde el año 2006 a la fecha, el promedio anual de recursos públicos destinados a la producción cinematográfica ronda los $700 mdp.
¿Recuerdan las preguntas planteadas más arriba? ¿Qué les parece si a modo de conclusión damos respuesta a las mismas? Aprovecharé y haré un dos por uno, porque el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) trabaja con los recursos públicos que le asigna la federación; así que, el IMCINE cumple cabalmente y de manera satisfactoria los objetivos para los cuales está constituida ante la Ley. A través de asegurar el quehacer cinematográfico, procurar su difusión y preservación; capacitar, orientar y representar al país internacionalmente a través de la cultura, en este caso el cine, no hay puntos negativos o de crítica que se le puedan hacer al Instituto mismo y menos al uso de los recursos, porque sino fuera por estos habría menos cine mexicano.
Finalmente la respuesta a la pregunta más importante: ¿Los recursos destinados por el gobierno repercuten directamente en la atracción de audiencia a los complejos de exhibición, para ver cine mexicano? La respuesta más rápida sería un no. No es representativo, ni tienen repercusión directa de alto impacto, ya que los recursos asignados por el gobierno a la producción cinematográfica no muestran una constante que indique que a mayor inversión Estatal y mayor producción de oferta, mayor es la cantidad de asistentes que consumen cine mexicano. Sin embargo, la respuesta más adecuada sería que no es concluyente. De no existir apoyo a la realización cinematográfica, algunas de las películas que generan una importante atracción de espectadores a las salas de exhibición no hubiesen sido producidas; y mejor concluir aquí que adentrándonos en terrenos inhóspitos, pues resulta casi imposible medir estas suposiciones.
Tomando en cuenta que ante la ley y para las instituciones públicas el cine mexicano es un bien cultural, éste se encuentra en óptimas condiciones propias de una industria no comercial. La producción anual supera los cien largometrajes y el cine nacional es galardonado en festivales internacionales de alto prestigio. En cuanto al tema de industria del entretenimiento en donde los bienes son creativos y las propiedades intelectuales tienen capacidad de explotación comercial, las producciones locales y las instancias gubernamentales aún tienen mucho trabajo por hacer; el cambio empieza en casa, no basta con producir más de lo que la gente no busca consumir; crear y ofertar contenidos de calidad por sobre la cantidad, será un reto en los años que vienen para el cine mexicano.

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El crimen del Padre Amaro (2002) – Carlos Carrera – A la fecha es la película mexicana con la mejor relación de Ingresos, Copias y Asistentes. La cantidad de espectadores por copia no ha sido superada hasta el momento.
Ver más publicaciones del blog Palomiando
Declaración: En cuanto a las imágenes de las películas aquí expuestas, no existe en ningún momento la intención de violar ley alguna en materia de derechos de autor, por lo que se le reconoce a todas y cada una de las productoras y distribuidoras el derecho de las mismas.

2 thoughts on “Producción y asistencia – A más oferta no necesariamente más demanda.

  1. Creo que el tema más allá de taquilla o asistentes como tal, lo delimita el ¿qué? Se está produciendo. Hay películas de nuevos y viejos tiburones, digo productores, que no merecen si quiera haber participado por un apoyo del estado.

    Este año ha estado plagado de horrores del cine, y todos apoyados por IMCINE, el error no está en producir más, el error está en el qué…

    El IMCINE y el cine en México es como la política, entre cuates, yo apoyo a X o Y película porque la hace mi cuate, o sinceramente NO entiendo como cosas tan horrendas han llegado al cine.

    No estamos leyendo a la gente, al público, ese que es el que va a el cine y que prefiere algo de Hollywood a algo de lo que los “productores” en México creen que van a querer o muchas veces los JUECES que el IMCINE escoge para que ellos decidan que Cine se produce o no.

    Esa selección de Jueces del IMCINE la veo mal, no está hecha por productores exitosos, si no de gente que está en el Cine en México, más no por ello exitosos…

    Es un circulo vicioso, en fin, espero que con los años mejore la forma de como el IMCINE apoya el Cine, para que apoye de una forma más eficaz y productiva tanto el cine comercial (pero productivo), como el cultural (pero bien hecho).

    Buen artículo, gracias por compartir.
    C

    1. Hola “C”.

      Estoy de acuerdo contigo y es en parte lo que puedes leer entre líneas en la publicación. El Estado al ser el mayor productor de cine en el país, se convierte a la vez en el regulador del mismo. Son cuestiones subjetivas y por ende complicadas de medir. ¿Quién decide qué se produce y a quiénes se les asignan recursos? Depende de los que toman las decisiones y a ellos alguien les dio la capacidad de hacerlo.

      Manteniendo una objetividad; pues volcarse a las pasiones resultaría peligroso para cualquier plan de acción, el verdadero asunto radica en cómo la ley y por ende el gobierno clasifican al cine, mientras este sea un bien cultural, el ciclo vicioso del cual hablas, se extenderá por un tiempo indefinido de gestiones políticas: hasta que alguien decida dejar de apoyar al cine o lo conviertan en una industria que tenga que sustentarse por sí misma.

      Gracias por tu comentario, que bueno que te gustó el artículo. No te olvides de compartilo.

      Saludos!,

      A.

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