La apuesta actual del cine mexicano – la fórmula de los géneros probados.

La comedia se ha convertido en el género de preferencia para las producciones de cine mexicano. Apuesta a lo seguro.

A través de su historia el cine mexicano se ha caracterizado por seguir fórmulas que se puede decir son en parte probadas con un relativo éxito, o más bien que reducen el riesgo que representa la inversión en un proyecto fílmico de entretenimiento. El elemento principal es el reparto, de preferencia conocido por el público ya sea por aparición en películas previas o la televisión, pero que últimamente ha dejado la puerta abierta a nuevos talentos, lo sí se convierte en una constante con una frecuencia prolongada en el tiempo es el género que ofrece la producción.

En los primeros años de la época de oro, que algunos autores la establecen en 1936, los puristas en 1939 y otros incluso años antes, la producción cinematográfica nacional había encontrado en las situaciones rancheras una ventana de oportunidad para conectar con el público. Aunque para finales de este espacio en la historia se incursionó y experimentó en otros géneros, la tendencia principal se enfocó en aquella propuesta que había tenido mayor éxito, aquello que giraba en torno a los temas campiranos. Es cierto que no toda la producción, ni las que hoy son consideradas como las mejores películas clásicas mexicanas eran sobre charros, pero algunas de éstas últimas son las que mayor popularidad lograron.
Se puede realizar una análisis a detalle sobre las distintas épocas de la historia del cine mexicano en donde un género específico se convierte en eje central de la producción ofrecida en determinados periodos de tiempo, sin embargo ese no es el objetivo de esta publicación. En este memento se concentrarán esfuerzos para determinar cómo un triunfo en taquilla se convierte en moda para los años venideros de la producción cinematográfica nacional, como lo son hoy por ejemplo las comedias, en sus distintas variantes o subgéneros.
Una de las épocas más complicadas para la historia reciente del cine mexicano se puede encontrar en la década de 1990, después de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la privatización de la distribución y la exhibición cinematográfica, entre otros factores, se propició la caída histórica de la producción nacional, además de la considerable disminución de la asistencia de espectadores a los complejos de exhibición para consumir producciones locales las cuáles de por sí eran escasas. Bien se dice que las épocas más difíciles son las que mejores frutos dejan, esto resultó verdadero, ya que directores como Alfonso Arau, Guillermo Del Toro, Carlos Carrera y Alfonso Cuarón, tuvieron la oportunidad de hacerse notar en México y el mundo con sus propuestas narrativas y visión cinematográfica.
Producción que pone en
el mapa de la industria a
González Inárritu.

 

La década antes mencionada fue sin embargo oscura y en algún momento de la misma parecía que la producción cinematográfica nacional se despediría de la faz de la tierra, esto por el bajo número de proyectos realizados en algunos años. No fue hasta el comienzo del nuevo milenio, que el cine mexicano pudo asomar la cabeza entre el complicado oleaje y tomar el aire necesario que le daría vida y lo mantendría a flote. Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón se consagraban con Amores perros (2000) e Y tu mamá también (2001) respectivamente, como talentos mexicanos de talla internacional y se unirían a Guillermo Del Toro para ser considerados como Los Tres Grandes; aunque los últimos dos ya habían incursionado en Hollywood, en el caso de Cuarón aún le faltaba su piedra angular que lo catapultara.
Desde 2002 había sido la
película más vista hasta 2013.

Aunque estos tres mexicanos son reconocidos por sus trabajos en la industria de los Estados Unidos y han impulsado su fama gracias al reconocimiento que les ha dado la prensa internacional, fue Carlos Carrera quien tuvo el poder de atraer y convocar a las masas nacionales para lo que definiría el rumbo del cine mexicano por los próximos once años a partir del 2002. El crimen del padre Amaro se convirtió en un fenómeno que comprobó la capacidad de convocatoria que un filme local podía lograr, además demostró que había cabida para otro tipo de oferta de productos además del hollywoodense, México estaba de nuevo en el mapa y encendía un foco que llamaba la atención.

Comenzó entonces más de una década donde la mayoría de las propuestas cinematográficas giraban entorno a dramas sociales, algunas producciones animadas y una que otra comedia resaltaban en el medio, sin embargo no lograban superar la marca impuesta por Carlos Carrera, la cual parecía casi imposible dejar atrás.

Fue en el año 2013, el cual se deberá considerar como un antes y después para la historia del cine mexicano, que Nosotros los Nobles de Gary Alazraki había superado la marca impuesta por El crimen del padre Amaro meses antes de la mitad del año, pero justo en septiembre llegaría Eugenio Derbez con No se aceptan devoluciones, para establecer un nuevo y muy alto techo en el histórico cinematográfico nacional de recaudación en taquilla y número de personas que vieron la película. Dos productos en un mismo periodo habían desplazado al drama religioso a tercer lugar y daban pie a un nuevo fenómeno y una nueva moda que definen hoy a la mayoría de las producciones mexicanas: la comedia.
En la actualidad y gracias a las producciones mencionadas en el párrafo anterior y el triunfo que éstas lograron, el cine mexicano ha encontrado una oportunidad de salida para tener una mejor distribución y considerables ventanas de exhibición, fenómeno que desde hace años no se apreciaba, una constante oferta de cine mexicano en cartelera que llama la atención y habla de un auge en la industria.
Sin embargo, la historia cinematográfica nacional indicaría que es un error poner todos los huevos en una misma canasta, ya que se podría desgastar la fórmula más rápido de lo pensado. Como sucedió a inicios de los años 2000, la saturación de una oferta dramática en la producción nacional cansó al paso del tiempo a la audiencia, la cual ya no encontraba satisfacción de entretenimiento en los temas propuestos. Es curioso, pero es un género opuesto el que ahora atrapa al público, el cual encuentra en la experiencia de ir al cine un escape de la cotidianidad.

Se busca diversificar la propuesta de géneros, pero no todos logran triunfar igual que lo hacen las comedias.


En otras publicaciones se compartirán datos duros precisos, sobre todo una vez que vaya a concluir el año y se tengan los números finales, así se podrá establecer el impacto que ha logrado la nueva propuesta cinematográfica nacional y si su presencia en taquilla es eficiente en relación a los ingresos generados y la audiencia atraída. El próximo año 2015 será difícil para el posicionamiento de las producciones locales, ya que la programación que preparan los estudios de Hollywood es agresiva, sobre todo con el enfoque que manejan al día de hoy en sus mercados internacionales.

Se puede hablar del resurgimiento del cine mexicano pero, ¿hasta cuándo?, ¿podrán las producciones nacionales mantenerse en la gusto y la preferencia de las audiencias?, ¿cuál sería la mejor estrategia que podría tomar la cinematografía nacional para los retos que presentan los años venideros? Estas y muchas otras respuestas en las próximas entregas de Palomiando, donde se publica lo más relevante de la industria cinematográfica en México.
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