Cine mexicano 101 – NO es culpa del distribuidor. Es culpa de la producción.

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No todo lo que llega  a cartelera es bueno. ¿Por qué no todo el cine mexicano tiene una buena distribución? Diviértanse leyendo.
Hasta el cansancio he escuchado las amargas quejas de los productores y directores de la tan madura industria cinematográfica nacional, en relación al porqué la audiencia no asiste a las salas de cine a ver sus obras de arte, que hoy intentaré; porque aún así no lo entenderán, explicar cómo son ellos, los cineastas mismos, quienes sin ayuda de nadie más (solitos) se echan la soga al cuello. Tampoco es culpa del exhibidor. Es culpa de la propuesta, del contenido, de ese incomprendido arte. Amigos realizadores es su culpa, el ser artistas incomprendidos.
En mira de ofrecer al público en general textos digeribles y no ahondar en tormentosos detalles, que son para llorar, repararé un cuatro puntos básicos que considero la punta del iceberg sobre el tema de la asistencia del público a las salas de exhibición para consumir producciones de origen nacional.
  1. El cine es negocio, no arte. Haters gonna hate. Pueden pasar directo a la zona de comentarios para compartir su conmovedora queja, historia o reflexión filosófica sobre la vida de porqué el cine, según ustedes, sí es arte… ya saben que leeré sus comentarios, pero que los conteste es otro cantar. El único argumento que daría por válido afirmando al cine como arte, sería la indiscutible muestra estadística de relativa pobreza en la que viven algunos realizadores, en cuyo caso toda queja sobre la remuneración económica, la repartición del peso en taquilla y otras vociferaciones de monetización de sus productos fílmicos quedan improcedentes; si efectivamente el cine es arte, pues entonces hay que vivir como verdaderos artistas, siendo fieles van Goghs.
    1. Distribuir y exhibir productos fílmicos contemplativos, es caro, cuesta y alguien tiene que pagarlo. Por eso existe la repartición del peso en taquilla.
      1. Los exhibidores se quedan con un porcentaje de la recaudación en taquilla para cubrir algo de sus costos de operación. Palabra clave de este punto es: algo. En promedio las cadenas de exhibición logran cubrir sólo el 75% de sus costos de operación a través del boletaje, tienen que, por medio de la venta en dulcería y otros productos, alcanzar el 25% restante para cubrir su operación y luego comenzar a ver un margen de ganancias. Si tu película amigo cineasta, no tiene la capacidad de atraer audiencias que paguen un boleto y además compren palomitas, no exijas que se exhiba.
      2. El distribuidor se encarga de hacer las copias que considere necesarias de la película, transportarlas a los complejos de exhibición y además invierte en publicidad para que la gente considere en su opción de consumo a esa obra maestra como algo digno de verse. También es responsable de que el proyecto llegue a otros formatos en caso de que estos sean necesario, DVDs, Blu-Ray, entre otros.
        Pero no lo hace de buena onda, ese es su negocio: financiar estas actividades, por lo que de algún lugar tiene que recuperar su inversión ¿de dónde creen que la recupera? ¡Exacto! De la repartición del peso en taquilla y de otros canales que sus vírgenes ojos no deben leer.
        Si el distribuidor va a batallar con el exhibidor para acomodar la película y ésta además no proyecta una buena recepción por parte de la audiencia, lo cual pone en riesgo la recuperación de su inversión, no se puede exigir que la distribuyan y programen como si fueras la nueva entrega de Piratas del Caribe. Mucho menos que paguen por  adelantado por hacerlo.
    2. Bajo un principio básico de eficiencia económica, costos, ganancias e inversión: sino deja, no funciona y por ende no es negocio. Entonces me equivoco y hacer cine en México, sí es arte.
  2. No es necesario llorar, sí los distribuyen y sí los exhiben. Claro, no como a todos les gustaría, pero deben comprender que la mayoría de la producción cinematográfica nacional, es decir: el nuevo cine mexicano contemporáneo posmoderno, vive debido a la decisión de un decreto público llamado Ley Federal de Cinematografía  basado en el Artículo 4º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicano.
    1. Esta ley hecha por individuos cuyos conocimientos cinematográficos e industriales son equiparables a los de su servidor en astrofísica (nulos), obliga a los distribuidores y exhibidores hacer su trabajo contemplando a la producción cinematográfica nacional en la ecuación. De no ser por esto, seguro habría menos estrenos de cine mexicano en cartelera y su presencia en salas comerciales sería de forma irónica la misma.
    2. Por lo anterior, por cumplir con la ley es que distribuyen y exhiben la producción nacional  a como de boca en boca dice el gremio: como les da la gana, en salas inaccesibles para las principales audiencias y en horarios que es casi imposible ir. Y la verdad no tengo el corazón, ni la razón para estar en contra de los distribuidores y los exhibidores, quienes deben proteger sus márgenes: el primero lo hará con un bajo número de copias y una casi nula inversión en publicidad y el segundo lo hará programando al nuevo Godard o al nuevo Chabrol, en donde menos afecte el plan de negocio.
  3. Oferta, demanda y elasticidad de precios. No se asusten, no se vayan, no es clase de economía, ni de finanzas. Imagínese usted, consumidor, cinéfilo, mortal que como yo va al cine a entretenerse y olvidarse por 90 a 120 minutos, del día transcurrido. Llega usted a la taquilla, observa la oferta de películas que su complejo de cine tiene para usted. Responda a continuación esta sencilla pregunta, tomando en cuenta que el boleto de entrada a ver cualquier película cuesta lo mismo: ¿Compraría un boleto para Avatar, o compraría un boleto para Nikté? Sí, lo leyó bien, Nikté es una película animada de origen mexicano que estrenó en el 2009 el mismo día que Avatar. De seguro usted compró su boleto para Avatar, ¿quién vio Nikté?
    En lo que refiere a la producción nacional, se deben atender tres puntos para mejorar su presencia en la elección de la audiencia y su preferencia por distribuidores y exhibidores.

    1. Producir una oferta de géneros diversificados. El cine mexicano no es un género, eso sí lo ha demostrado, pero por temporadas se concentran en producir sólo un tipo de contenidos, como ahora son las comedias y por más de una década fueron los fuertes e impactantes dramas en todas sus vertientes. Más géneros, más posibilidades de atraer distintas audiencias.
    2. Entender la demanda. Qué quiere ver la gente, dénselo, hagan eso, pero no sólo se queden en lo que quiere ver la gente, pongan un poco más de su parte, sin llegar a estropear la idea. Hay límites.
    3. Elasticidad de precios. Si con el ejemplo expuesto anteriormente, supongamos que usted pudiera haber tenido la opción de ingresar a ver Nikté por la módica cantidad de entre $20 a $32 pesos, ¿lo hubiera considerado? Hay ocasiones en que reducir precios, podría generar un mayor tráfico de audiencia a funciones específicas y a la dulcería.
  4. Culpar a terceros es de cobardes… Y muchos lo son. Si el proyecto no logró una buena distribución y/o una buena exhibición, no fue por capricho de estos dos actores. Acéptalo amigo cineasta, tu película, tu idea, tu concepto, tu arte es malo y ni siquiera tú lo entendiste. Le tuviste que explicar la película a tus amigos y familiares antes y después de la función, y aún así, cada quien entendió lo que quiso y no todo quedo claro. Hay propiedades intelectuales no aptas para el público en general. Discúlpenos por ser ignorantes y no tener la capacidad de comprender tu irrepetible obra, la cual hay pocas oportunidades para verla en la vida, pues así duró en cartelera.
    1. Acéptenlo y entiéndalo por favor, desde el título parece que echaron repelente anti-espectadores para que no tomen la decisión de pagar el boleto y ver su película.
      1. Las paredes NO hablan.
      2. Los cocodrilos NO escuchan cuentos de hadas para dormirse.
      3. Rito Terminal. ¿De qué o quién? ¿Se come?
      4. González. Usted lo acaba de leer, ese es el título de una producción de 2013: González. – No vino maestra.
      5. Todo el mundo tiene a alguien menos yo. El índice de lectura nacional es bajo y luego ponen títulos que nada más no caben en las marquesinas.
      6. Y la lista sigue y sigue.
    2. Debo confesar que me divierto y río mucho al leer los títulos de las películas mexicanas. Después lloro al recordar que es dinero que pudo haber servido para alimentar, para llevar agua, para cualquier otra cosa.
Ánimo, no se agüiten, porque ya saben que pasa. Mejor échenle más ganas, póngase a trabajar en sus historias, conozcan a su público. No les digo en ningún momento que dejen de hacer cine, sólo que lo hagan de manera consciente. Eso sí, por favor, ya dejen de lado ese discurso infundado de andar creando audiencia, no pierdan su tiempo tratando de crear una audiencia específica para el cine mexicano, las audiencias allí están, existen y es cuestión de escucharlas.
No olvides compartir este texto con tus redes sociales para que todos estén enterados de la información más relevante de la industria cinematográfica en México. Si tienes algo que decir, con toda confianza, es un foro abierto en donde con gusto leeré tus comentarios. Que los conteste es otro cantar.
Recuerde que más allá de realizar un texto crítico sobre de las producciones cinematográficas mexicanas, o de caer en escritos académicos cuya profundidad y detalle son para audiencias y lectores especializados, la finalidad de este espacio es informar de manera concisa, de entretener a quien lee y sobre todo de crear consumidores de medios responsables y conocedores de su entorno y su industria. Exija lo que quiere ver y rechace con ímpetu lo que no sea de su agrado, sencillo: no lo pague, no lo consuma.

Alonso Valdés Morales
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