Modelo actual de distribución, ¿la nueva aguja hipodérmica?

Estos son algunos de los estrenos del cine mexicano que saturaron las salas de exhibición gracias a Videocine.
Saldrán a relucir en este texto mis bases de comunicador, no se preocupen, de igual forma buscaré que esta publicación no sea tediosa, ni se termine convirtiendo en un estudio exhaustivo de comunicación de masas que tendría mejor cabida en una propuesta de tesis de posgrado.
La reflexión sobre este tema surge en  un escrito pasado que podrán encontrar al final de este apartado, en donde se explica la tendencia actual de las distribuidoras por saturar el mercado durante el fin de semana de estreno con el fin de maximizar sus posibilidades de retorno de manera inmediata, lo que reduce el riesgo de la inversión realizada sobre el costo que significa llevar una película a las salas de exhibición.
Para los que no estén familiarizados con la teoría de la aguja hipodérmica, y pidiendo por adelantado disculpas para los estudiosos en la materia y académicos de alto nivel que lean esta publicación, haré una simplificación vaga de la teoría con fines de aterrizarla al entendimiento del público en general. Así que en resumen, esta teoría establece la posibilidad de que un mensaje que emplea para su transmisión a los medios masivos de comunicación, tiene la capacidad de inyectarse directamente en la conciencia de la sociedad, causando un efecto de estímulo inmediato sobre quienes reciben el mensaje.
Representación gráfica de la
teoría de la aguja hipodérmica.
¿Cómo se puede aplicar la base de esta teoría en el actual modelo de distribución? El cine es considerado un medio de difusión masiva debido a las grandes cantidades de audiencias que puede atraer, por lo que un determinado producto cinematográfico puede ser visto por millones de personas en una determinada región geográfica. Por lo anterior, la exposición por no llamarla imposición de un determinado contenido sería el resultado de esa aguja hipodérmica, debido a que no siempre se entregan a las audiencias los mejores contenidos, sino lo que en este caso requiera una mayor proyección y cuente con un mejor escenario de desempeño dentro del modelo de negocios planteado. Esta teoría resulta maquiavélica pues su premisa se centra en que el fin justifica los  medios, en este caso el fin es la rentabilidad y los medios son las pantallas de los complejos cinematográficos saturadas en el esquema de distribución.
La teoría de la aguja hipodérmica va más allá de simplemente imponer un contenido específico a partir de su distribución en los medios masivos de comunicación, faltaría aquí un eslabón importante para complementar el círculo que propone este tema: ¿cuál es el mensaje que se está inyectando en las masas?
En días pasados, creo incluso fue ayer, Videocine, la principal distribuidora de cine mexicano en el país y filial de Grupo Televisa, lanzó un mensaje a través de sus redes sociales en el que se pueden leer los siguientes dos elementos. Primero, una parte lógica basada en estadísticas oficiales de 2013 sobre la producción cinematográfica en México contra el número total de estrenos; 126 vs. 101 respectivamente. Segundo, una leyenda que ataca a la parte emocional que se lee, es momento de apoyar al cine mexicano. Muchos escenarios e interpretaciones se pueden tener en relación a los dos elementos que componen al mensaje que lanza Videocine, sin embargo son más las reflexiones que surgen a partir de los mismos.
En efecto Videocine se ha encargado de distribuir en mayor medida al cine mexicano con capacidades de comercialización, lo que se podría leer en primera instancia como que gracias a esta empresa las producciones nacionales están viendo la luz. Sin embargo, ¿cuáles son los costos para la producción y para la audiencia de tener una presencia insólita de película nacionales disponibles en taquilla? Ahora, aquí es donde la teoría mostrará su completo lado maquiavélico.
Es momento de apoyar al cine mexicano, eso se lee. A través de las redes sociales, una vez visto el mensaje publicado en las cuentas oficiales de la distribuidora, me di a la tarea de hacerle a la misma la pregunta obligada, ¿cómo van a apoyar al cine mexicano? Por si se preguntan aún no hay respuesta, y ojalá la haya en la brevedad posible, pero aquí los puntos de interés.
Que te distribuyan no es favor, es negocio. Si el argumento es que se apoya al cine mexicano distribuyéndolo, me queda duda entonces de dónde está el apoyo, porque esta actividad no es gratuita, la producción debe pagar los servicios de distribución de los ingresos en taquilla y aunque en algunos casos la distribuidora pague al productor una cuota por adelantado para los derechos de transmisión, ésta por lo general es independiente a los costos que significa el manejo de la película para llevarla a las salas de cine y hacer las campaña de publicidad necesaria para animar al público a consumir un producto en específico.
Por su parte las salas de exhibición cinematográfica no son, ni se acercan a ser la mejor ventana de monetización de un producto fílmico de entretenimiento, sino más bien resultan útiles como un elemento más dentro del plan de mercadotecnia para después impulsar la presencia del producto en otro puntos de venta, por lo que la apuesta de saturar los cines resulta a largo plazo contraproducente para el futuro de una película en el resto de sus plataformas de comercialización.
La clave está en la negociación. Y el asunto es que la gran mayoría no tiene la capacidad de negociar ante grandes distribuidoras.  El actual modelo de distribución comparte el riesgo de lo que significa tener una película en cartelera con los exhibidores, por lo que desde hace años la preventa de derechos de exclusividad a una cadena en específico para que sólo ésta tuviera la película en sus salas es una práctica que ya ha quedado obsoleta. En los acuerdo de distribución entre quien distribuye y quien exhibe, el último en obtener beneficio alguno es el productor. Regreso entonces a, ¿cómo se apoyará al cine mexicano?, no basta sólo con distribuirlo, sino ofrecerle nuevos esquemas y mesas de negociación.
¿Habrá el próximo año, nuevos esquemas de negociación? Sin afán de echarle leña al fuego, hablar de nuevos esquemas o nuevos términos dentro de las negociaciones entre productores y distribuidores, llevaría a revivir un entrañable tema que hasta la fecha ha dormido pacíficamente como un volcán activo, me refiero a la distribución del peso en taquilla. Apoyar al cine mexicano y al productor sucedería al renegociar los porcentajes de retorno y participación, parecido al esquema de Hollywood, la semana de estreno es donde más público asiste a ver un película, durante la primer semana el porcentaje de participación para la producción debería ser mayor y reducirse conforme pasen las semanas de su presencia en taquilla. Sin embargo, esto aumentaría los precios en taquillas y dulcerías, lo que afectaría el bolsillo de los espectadores; es una asunto complicado de poner en balanza.
Romances de un fin de semana, en eso se han convertido las películas a partir del actual esquema de saturación de pantallas que proponen las distribuidoras, a quienes no culpo de nada ya que deben cuidar sus negocios y las nuevas propuestas narrativas de la cinematografía actual no les permiten invertir de otra manera, ya que la vigente fugacidad de los breves contenidos digitales está llegando al cine.
¿Dónde quedó la aguja hipodérmica? Resumen en estos dos puntos. Primero, en la imposición de contenidos específicos por parte de las distribuidoras a partir de la saturación de los recintos de exhibición. No todas las películas son buenas, de hecho la mayoría son malas, pero su presencia es tal que no dejan mucha variedad en la oferta, por lo que se termina consumiendo un producto de mediocre calidad y del que se hizo propaganda para creer que es bueno. Segundo, el ejemplo específico de Videocine y el mensaje que lanza en redes sociales donde establece que es tiempo de apoyar al cine mexicano, ¿por qué no se lanzó esa campaña en la década de los 1990s?, porque en esos años no era negocio la producción nacional. A través de los medios masivos se intenta imponer un mensaje, ahora no es tan fácil como en años pasados, recordemos que aquí el fin justifica los medios y en este caso el fin es económico.
Si en verdad el cine es negocio, ¿por qué las políticas culturales del país lo alejan de la posibilidad de serlo desde la gestación del producto? Y, en el otro escenario, si el cine es un bien cultural, ¿porqué establecerle cuotas y límites industriales?, ¿por qué apoyarlo ahora que está bien y no cuando más lo necesitaba? Estas son la ironías que se encuentran en los discursos de la industria, los cuáles se renovarán el próximo año ante el resurgimiento de Hollywood, ¿seguirá fuerte y de pie el cine mexicano para el próximo año? Si la respuesta es un sí, sigámoslo apoyando, de lo contrario podremos omitir toda esta publicación, ya que éste no será el mensaje que nos interese inyectar en el imaginario colectivo de la sociedad.

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