¿Quién gana y quién pierde en el cine mexicano?

Palomiando, derechos reservados. Alonso Valdés Morales. Ganar y Perder en el cine mexicano.
Cuando se habla de la industria cinematográfica en México, ¿quiénes ganas y quiénes pierden en esta actividad artística y económica?

En parte debo de dar gracias al ruido generado por las notas de intento periodístico al rededor del caso de James Bond, y también a las posturas del discurso dado por Guillermo Del Toro en el festival Internacional de Cine en Guadalajara, el cual concluyó el domingo pasado y celebró sus treinta años de vida, ya que me inspiraron en escribir la publicación del día de hoy.

Existen una amplia cantidad de variables que deben conjugarse para dar un resultado preciso de la situación actual de la cinematografía mexicana, la cual se encuentra sustentada bajo una premisa de interés cultural misma que ha marcado y definido su rumbo alejándola de la posibilidad de consolidarse como industria.

Por este párrafo olvidemos los parámetros culturales que las organizaciones e instituciones de carácter oficial para el cine mexicano emplean en su definición de industria, dejémoslas de lado, ya que bajo esa lupa la producción cinematográfica nacional se encuentra para el 2014 en los mismos niveles que la época de oro, pero esto no permite concluir que se está viviendo otra época de abundancia fílmica en relación a la calidad de los contenidos, pues el interés de quienes administran esta actividad se concentra sólo en la cantidad de producciones anuales, cuando lo que deben entender es que más no es sinónimo de mejor.

Pongamos un rápido ejemplo para lo anterior. Según el Instituto Mexicano de Cinematografía, IMCINE, el cine mexicano se encuentra en una época de esplendor similar a la que tuvo en 1958, debido a que en el pasado año 2014 se produjeron en el país 130 películas, esto pone al país por encima de países desarrollados y cuya industria audiovisual está consolidada, en especial para no salir del continente, se puede decir que México es mejor y más productivo que Canadá.

Hagamos un alto allí. ¿La cinematografía mexicana, mejor que la canadiense? Si se habla sólo de cantidad de producciones realizadas al año, sí, en todo lo demás, no. Dejaré de lado cuestiones industriales, fondos de inversión y apoyo al desarrollo de proyectos audiovisuales, e incluso la capacidad comercial de cada uno de los productos fílmicos. Al Instituto Mexicano de Cinematografía, al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y en sí al gobierno mexicano le interesan resultados cuantitativos de índole cultural, es decir premios.

Sin perdernos en el laberinto que representan los festivales de cine al rededor del mundo, y enfocando la atención en el mayor reconocimiento que entrega la industria del séptimo arte, ¿cuántos Oscars tiene México sólo en la categoría a mejor película en lengua extranjera?, ¿cuántos tiene Canadá?, sí en Canadá se habla más de un idioma oficial.

En la categoría mencionada en el párrafo anterior, México cuenta con ocho nominaciones, 46 inscripciones a la misma y ninguna premiación. Canadá por su parte ha inscrito a competencia 39 producciones, de las cuales siete han resultado nominadas y una de ellas se ha llevado la estatuilla dorada a casa.

¿Vale la pena invertir en cantidad y no en calidad?, al parecer la filosofía de trabajo de las instituciones culturales se concentra en la cantidad, quienes tendrán que demostrar su mejor manejo de recursos ante el recorte presupuestal asignado por la federación en este rubro específico, y al cual los mismos artistas subsidiados le han puesto un grito en el cielo.

Ante un elevado número de producciones que aunque logran reconocimientos en festivales de cine no han traído a casa el mayor reconocimiento de la industria, películas cuya capacidad de comercialización es nula, riesgosa y dudosa; limitada distribución nacional y escasa penetración internacional, todo esto sustentado bajo un obsoleto parámetro cultural que establece la supuesta existencia de una industria debido a que la producción es igual o mayor a cien largometrajes por año, es que llego a formular la pregunta que encuentran a modo de título de este texto.

¿Quién gana y quién pierde en el cine mexicano?

 

En base a una cadena de valor sencilla en donde sólo se consideran a los tres actores principales del ciclo de elaboración de un producto fílmico de entretenimiento, la respuesta a la pregunta anterior es lo siguiente.

  1. Productores – Aunque digan que no, ganan. En 2014, 94 de las 130 producciones hechas en el país contaron con fondos públicos, lo cual reduce la inversión de riesgo por parte de quien financia algún porcentaje del proyecto, además que la parte puesta por gobierno no cuenta con cláusulas específicas que estipulen un retorno forzoso del fondo dispuesto en la misma.
    1. Si en lugar de fondos fueran créditos y estos necesitaran pagarse al erario público, muchas casas productoras estaría en quiebra o en deuda con el Estado, algunos desistirían de solicitar el apoyo o en un caso utópico se producirían propuestas con la capacidad de generar y explotar ventanas de comercialización.
    2. Como lo anterior no sucede, el proceso de producción se convierte en el siguiente: solicitar fondos públicos, reunir el presupuesto total de la producción y cobrar un salario por las actividades desarrolladas en el proyecto. Ya cada quien cobró y cobró bien, si la película funciona o no en las distintas ventanas de exhibición, ya no es interés de quien produce.
  2. Distribuidores – rara vez no ganan. Por lo general aquellas distribuidoras que manejan productos fílmicos de origen nacional cuentan con una cartera de productos cuyo riesgo es muy bajo y se compensa con el buen desempeño de otros elementos en su portafolio en caso de que alguno no lograra la meta de venta establecida.
    1. Una de las mejores formas de reducir el riesgo es a través de pequeñas y medidas inversiones, por lo que aquí se responda la incógnita de muchos: ¿por qué se distribuye tan poco el cine mexicano? Porque no se vende es la respuesta, en ese caso y respetando lógicas básicas de negocio, ¿por qué invertir más en algo que no producirá mayores ganancias?
    2. Los gastos que el distribuidor realiza en la promoción, copias y manejo de un producto para llevarlo a las ventanas comerciales que crea pertinente, al final del trayecto es pagado por los ingresos generados, lo que asegura al menos el retorno de la inversión.
  3. Exhibidores – No hagan cine, pongan cines, sabias palabras de un amigo. Perderle en este negocio es un reto. Mientras un porcentaje de la operación de un complejo cinematográfico se paga a través de los ingresos generados por la venta de boletos, el resto de los costos administrativos y las ganancias netas deben surgir de la dulcería.
    1. Uno de los principales objetivos de quien administra un complejo de exhibición cinematográfica es la de generar tráfico de audiencia a su cine, para esto sirven las películas. Una vez el espectador se encuentre en el recinto, el objetivo crucial es lograr que éste consuma productos de la dulcería.
    2. La innovación en la experiencia del consumidor, los productos ofertados para su consumo y el servicio que se brinda, son algunos de los elementos con los que se puede experimentar para aumentar la afluencia de espectadores y la venta de productos específicos.

¿Quién pierde? En el caso del cine mexicano, quien lleva las de perder es el público. Parte de sus impuestos están destinados a la producción de películas que no conectan con la audiencia, que satisfacen el ego de los realizadores y que no tienen trascendencia cultural para la sociedad. Además, aquellas opciones que logran incursionar a los circuitos comerciales de exhibición y que no se encuentran dentro de las diez más taquilleras del año; sólo considerando la producción nacional, por lo general se traducen en un golpe al bolsillo de quien paga por verlas, tomando en consideración la entrada al recinto y la dulcería, un simple individuo puede llegar a gastar hasta $200 pesos por una mala experiencia.

Este tema resulta profundo y complicado debido a que si el Estado es el mayor productor cinematográfico del país, porqué no cumple con su papel y establece lineamientos específicos para un adecuado empleo de los recursos públicos en donde las películas apoyadas tengas la capacidad de retribuir a las arcas públicas para el financiamiento de nuevas obras, nuevos talentos y mayores oportunidades de empleos, así esto generaría entonces las primeras bases de una industria sustentable con la capacidad de mejorar la situación económica y social del país. Lo anterior se torna difícil de realizar desde el momento en que la cinematografía en México es considerada como bien cultural, por lo que el gobierno no puede intervenir en el punto de vista del realizador ya que sería considerado censura y violación a la libertad de expresión.

Ampliaremos este tema en próximas publicaciones, sobre el cual por el momento pueden profundizar en los siguientes textos.

Cumbres, cinco razones para no ver la película.

La oportunidad del cine mexicano para ser exhibido.

¿Por qué funciona Guten tag, Ramón?

Ver cine mexicano. Cinco puntos clave que pueden ayudarte.

Exhibición cinematográfica en México – Parte 1.

Exhibición cinematográfica en México – Parte 2.

Exhibición cinematográfica en México – Parte 3.

Taquilla comparada.

A más oferta no necesariamente más demanda.

El cine en México. ¿Cultura o negocio?

Películas Vs. Palomitas.

No es culpa del distribuidor. Es culpa de la producción.

Nosotros los Nobles, la base de una industria.

Consolidando una industria cinematográfica en México.

El cine mexicano en 2014 – parte 1.

El cine mexicano en 2014 – parte 2.

Hasta aquí este breve análisis de una parte de la situación actual de la industria cinematográfica en México.

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