Y, ¿qué pasa con el cine mexicano?

Palomiando, todos los derechos reservados, Alonso Valdés Morales.
La noche del 06 de agosto de 1896 el cine llegó a México. 119 años han pasado, ¿dónde se encuentra el cine mexicano al día de hoy?

La respuesta pragmática para la pregunta que plantea el título de esta publicación sería: nada, en el cine mexicano no pasa nada; no define un rumbo, no define géneros y por consecuente no se comunica con el público que, sin importar crisis, precio del dólar u otros temas que puedan influenciar su decisión de consumo, abarrotan las salas de exhibición cinematográfica cada fin de semana.

Una temporada de verano: aproximadamente mes y medio para los estrenos fuertes y de peso que tiene la industria de Hollywood, es lo que el cine hecho en casa tiene brillando por su ausencia en las principales marquesinas comerciales del país, limitando su existencia a salas de arte, circuitos independientes o cinematecas.

A lo anterior se deben de sumar las pocas ventanas de exhibición y limitados convenios de distribución que logran los productos de manufactura nacional, considerando claro que esto se encuentra relacionado a la pobre calidad de los contenidos que ofertan, refiriéndonos en estricto tema comercial, ya que para productos artísticos o de audiencias específicas, existen sus nichos de mercado y por ende sus ventanas de explotación definidas.

A lo largo del año me he encontrado con distintas publicaciones, ya sea en medios físicos tradicionales o en artículos de revistas digitales, que hablan del nuevo cine mexicano la nueva crisis del cine mexicano, cuando esto resulta en una falacia pues son temas que se arrastran desde décadas atrás, para ser más precisos desde los 1970s.

Los breves respiros que por temporadas anómalas ha encontrado la producción cinematográfica nacional en algunos grupos específicos de realizadores, sirven de justificación para algunos académicos e historiadores como nuevos capítulos del cine mexicano; cuando, como se expresa al inicio de este párrafo, estas temporadas anómalas no son más que puntos de fuga en una ecuación cuyo resultado tiende a la marginación y promoción de una – si se le puede llamar así – industria no sustentable de productos culturales.

Para ejemplificar el párrafo anterior: después de dos años de éxitos todo parecía viento en popa, sin embargo los recortes presupuestales en materia de cultura y una agresiva agenda por parte de Hollywood han demostrado la fragilidad y el delgado hilo del cual se sustenta la producción cinematográfica nacional.

Aun es muy temprano, o quizá no queramos aceptarlo; tal vez no vale la pena hablar de nuevo cine mexicano la nueva crisis del cine mexicano, pero la realidad es que la producción cinematográfica nacional debe encender una alerta, ya que las facturas de décadas de descuido están comenzado a cobrar.

El cine, como medio de expresión artística, refleja el estado de la sociedad que lo produce. Un cine mexicano en ascenso significaba un buen síntoma del estado general de nuestro país.

Más de cine años de cine mexicano.

Maximiliano Maza Pérez

http://cinemexicano.mty.itesm.mx/coda.html

Parece por un instante que el cine mexicano regresara a situaciones de principios de la década de los 1990s, pero incluso se podrían encontrar otros detonantes en años anteriores, que propician a situación actual de la cinematografía nacional.

El cine, como producto cultural, es una espada de doble filo y el Estado lo sabe, de lo contrario no seguiría regulándolo a través de un Instituto y de Fondos Públicos, mismos que soportan a más del 70% de las producciones que se realizan al año.

Pero, ante la situación actual por la que pasa el país, ¿se podrá seguir sustentando ese volumen de producción cinematográfica anual? Sucederá, a menos que se inyecten más recursos públicos para el sustento del cine, que el número de películas producidas al año bajará y esto no es malo, al contrario, promueve de forma extrema la consolidación o disolución del intento actual de industria del cine mexicano.

Siendo honesto prefiero calidad sobre cantidad, sin embargo los parámetros culturales con que las instituciones oficiales miden el éxito y justifican la existencia de una industria es a través de resultados en volumen: número de producción al año, número de festivales en los que se participó, número de premios o reconocimientos obtenidos, ¿por qué no hablan del número de asistentes, por qué n se habla de la recaudación en taquilla en comparación con la inversión realizada sobre la producción?

Al inicio de este texto escribí que en el cine mexicano no pasa nada, debo detallar disculpen. Algunos de los escenarios que pueden desarrollarse giran en torno a la reducción de producciones por año, lo que, si se mantiene las mismas propuestas de contenido, creará una menos presencia de títulos en las salas comerciales.

Se podría dar el caso, casi utópico, en donde se reduzca el volumen de producción pero se cree una oferta de contenidos diversificados y de entretenimiento que permitan una mayor salida comercial, lo cual se traduce en retorno para los fondos de producción, incentivos a los realizadores y la creación de un flujo económico que permita una reinversión en nuevas películas.

El primer escenario pronosticaría la casi extinción del cine mexicano, a menos que se realicen proyectos cuyo capital sea en su totalidad privado. El segundo escenario proyecta un arduo trabajo lleno de sacrificios que busca establecer una industria que, partiendo de los incentivos público, pueda llegar a consolidarse y sustentarse por sí misma.

Ante una crisis económica y la devaluación del valor de nuestra moneda, el cine mexicano podría encontrar un respiro de vida mediante el incentivo a otras áreas de la industria cinematográfica. Apoyar a distribuidores y exhibidores para que promuevan y otorguen ventanas de explotación comercial a los productos locales puede ser una opción viable para sanar las arcas públicas destinadas a la producción de cine hecho en casa, sin embargo, y es un punto crucial para que esto suceda, no solo basta la asignación y liberación de recursos públicos específicos para estas actividades, también es necesario motivar a la creación de contenidos que al final de la ruta crítica que deben vivir para llegar a las pantallas de exhibición tradicional o digital, sean del agrado del público para que logren posicionarse dentro de las principales opciones de consumo para el esparcimiento.

El cine mexicano está en crisis desde finales de los 1960s y principios de los 1970s. El nuevo cine mexicano surge cuando a alguien se le ocurre publicar un antes y un después. Son ya 119 años, justo el 6 de agosto de 1896, que el cine mexicano llegó a México, rápidamente se adoptó a la nueva tecnología, se experimentó y se apropió. Se contó con una era dorada, una época de oro llena de prosperidad, estrellas, producciones sobresalientes y enormes salas de cine que la gente llenaba para ver a sus ídolos nacionales pero, desde finales de 1950s el cine mexicano vive en un eterno ocaso, bello a la vista, pero que anuncia a la noche. ¿Estaremos entrando a la época de oscuridad del cine mexicano? ¿Podrán las producciones hechas en casa guiar el rumbo con la luz de las estrellas y la luna?

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